Se acerca el veranito y con él, el overbooking en los gimnasios. Y es que empieza la temporada de preparar el cuerpo para lucir en las playas (si no ha empezado ya), así que ya estará la gente (gente con tiempo, claro) matriculándose como loca en el gimnasio para poder marcar abdominales o lucir unos gluteos como los que puede lucir un deportista que lleva años ejercitandose, pero en un par de meses (así que habitualmente el resultado no es el esperado). Y es que no existen los milagros, y no se puede esperar que con dos meses antes de verano podamos lucir un cuerpo como el monitor de spinning.

Aun así, siempre estoy a favor de hacer algo, así que  aunque sea por la simple motivacion de lucir tipo en la playa, estoy más a favor de los gimnasios que de los centros de dietética tan de moda que están últimamente (bueno y desde hace un tiempillo ya).

Esos centros dónde se hacen de oro por decirte lo que cualquier persona te podría decir y te venden sus productos para hacer caquita. Y que si la retención de líquidos por aquí y la retención de deshechos por allá, lo que de verdad se retiene es una gran cantidad de dinero al mes en el bolsillo de alguien que no eres tu.

Y sí, claro que puede funcionar, lógicamente si comes menos grasas y dejas de desayunar bocatas de tocino, pero como eso te lo puede decir cualquier amigo no vale, así que la dieta es mucho más efectiva tomando sus productos. Y cuando logres bajar kilos, no habrás acabado aún, necesitas mantenerte, así que para ello también te tienen reservados otra clase de productos. Cuando te canses de pagar por que ves que no va para ningún lado, también te ofrecerán sus productos. Si quieres suicidarte, también, nos ofrecerán sus productos para un suicidio placentero y a la vez drenante. No conseguiremos suicidarnos pero al menos dormiremos más tranquilos por que sentimos que retenemos menos líquidos.

No es raro el querer estar en forma, pero hombre, un poquito de sentido común… si realmente necesitan pagar para ser fieles a unos consejos, que me paguen a mí. Que yo tengo una colección de consejos deseosos de apadrinar a alguna oveja desesperada.

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