¡Hola, buenas!

Ya no queda nada para las vacaciones, aunque yo, como los estudiantes, estoy de vacaciones ya (que conste que no es para dar envidia a nadie). Ya sabéis, cuidadín si cogéis el coche que la gente sale de sus casas como locos para llegar los primeros (ni que diesen premios) y hay que tener en cuenta, que aunque nos creamos increíblemente listos por salir a horas de madrugada para no pillar atascos… hay gente que siempre pensará como nosotros y al final nos encontraremos todos en la carretera. Pero no por ello hay que desquiciarse, hay que tomarse las cosas con tranquilidad, respirar hondo, abrir un poco las ventanillas, elegir un buen CD ( o en mi caso una cintaca  como las de toda la vida) y si vais con niños, comprar previamente un buen esparadrapo (solo por si acaso).

A mi me gusta viajar, me gusta ir de copiloto mirando el paisaje, y me gusta echarme una buena siestaca si se hace largo. Aunque hay buenas razones para preferir muchas veces el ir conduciendo, razones de fuerza mayor, razones de las que el conductor o la conductora se da cuenta cuando me ve empalidecer progresivamente, mirar fijamente a un punto y no hablar durante buena parte del trayecto. En efecto, y aunque no siempre me pasa, hay formas de conducir que me revuelven el estomago, aunque últimamente solo me pasa cuando voy con conductores noveles o personas que están a nada de soltar un “¿Qué pasa neeen?”.

Mi problema es de toda la vida. Siempre me mareaba, y una vez recuerdo haber vomitado de una manera asombrosamente silenciosa en los asientos del coche de mi padre, de cuclillas y con mi primo al lado mirándome con lo que yo recuerdo una cara de preocupación, pero que posiblemente sería de miedo, el miedo que puede sentir alguien que derrepente se gira y ve un charco de vómito a su lado y a alguien de cuclillas mirándole y sonriendo en plan “¿a que no se ha notado?” mientras chapotea las pequeñas manitas en lo que es el resultado del desayuno. También recuerdo más, pero como mi intención no es desagradaros  pararé aquí el recital de mi historial vomitivo.

Así que otro consejo: si os mareáis, avisad.

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