Buenas. Ya hace un tiempo que han finalizado las fiestas navideñas. No sé si alegrarme o entristecerme, ya que siempre me han gustado las lucecitas, los anuncios de juguetes y las cabalgatas. Pero me hago mayor y cada vez pasan más desapercibidas ante mí; al final solo se resumen en estrés, gastos y comida a raudales para alimentar a un regimiento. Menos mal que aún me queda el arte tradicional familiar del “GritarIdiotecesSinSentidoPorLaVentanaEnNochevieja”.  Es algo que descontextualizadamente explicado,  suena estúpido, pero por suerte (o desgracia) provengo de una familia muy apegada a la estupidez y no resulta difícil creer este tipo de costumbres.

Pero como he dicho, ya se ha acabado; se acabó el trabajo navideño para comenzar de nuevo el trabajo de siempre, para volver a la rutina y mirar el reloj continuamente esperando que acabe la jornada para… que vuelva a empezar la del día siguiente. Pero no quiero desanimar a nadie (aunque parezca todo lo contrario), también hay cosas buenas estas fechas… así como… las rebajas. Las rebajas son esa época en la que esta justificado que la gente pierda el sentido del orden,  el respeto y en algunos casos la higiene. Son esa época en la que nadie compra lo que necesita, son esa época en la que (algunos) simpáticos comerciantes bajan los precios que casualmente el día anterior subieron.

En fin, el caso es que, con ganas o sin ellas, y cada uno con su propia motivación, comenzamos el año. Un año de mierder.

O no.

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