En una de las ocasiones en las que me puse a ver videos (y más videos) sin ninguna consciencia del tiempo (empezando por videoclips y acabando por videos de gaticos), vi algún corto hecho en claymation (o plastimación, que es el nombre que recibe el stop motion hecho con figuras de plastilina, osea, una serie de capturas fotográficas sucesivas que aparentan movimiento).

Siempre me gustó pero nunca me atreví, hasta que con la boba motivación navideña y las pocas alternativas “regalísticas” que tenía, se me ocurrió regalar un corto hecho en claymation.

Como digo, fue una idea para regalar, y empecé a comprar material con una tontica ilusión, pensando que por fin pondría en práctica alguna de mis habilidades en algo que me gustase (y que era un regalo la mar de original, para que engañarnos). Y sí, la puse, la mayor habilidad, la de la paciencia; la de poder trabajar en un cuarto pequeño rebosante de objetos y sin buena luz (nada más que luz natural que se filtraba por mi ventana en las buenas, calurosas y soleadas mañanas de diciembre) y la de aguantarme de no tirar todo por la ventana de puro cabreo.

Y por fin acabé, y aunque no respetase al 100% el stoyboard que hice en un inicio, y aunque no es un trabajo de sobresaliente, ahora miro con orgullo mi primer trabajillo en claymation.

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